martes, 30 de noviembre de 2010

El viejo truco de la galera

Cuando salió la tercera zanahoria de la galera, el mago miró de reojo al público y no pudo ocultar una gota de sudor que caía, zigzagueante, contorneando su cara, de frente a mentón.

Desde el público un conejo se trepó al escenario con alguna dificultad, dando saltitos. Poco a poco el resto de los conejos espectadores también treparon al escenario y comenzaron a comer violentamente las zanahorias que habían quedado alrededor de la galera; luego, enfurecidos, tomaron las que estaban dentro. El mago, aterrado, corrió hacia camarines. Los conejos no tardaron en alcanzarlo.

jueves, 25 de noviembre de 2010


El bueno de Liniers dibujó esto.



Aquella mañana

Cuando él estaba agonizando en la cama, dos días antes de morir, me le acerqué y le pregunté:

-¿Estás bien?- y de inmediato me di cuenta que mi pregunta era estúpida. No estaba bien.

-Sí- me respondió. Pero había tosido sangre esa noche.

Ahora me doy cuenta que lo que debí preguntarle fue “¿tenés miedo?”. Y también pienso ahora que tal vez él ese día respondió, con su valentía habitual, a la pregunta que debí haberle hecho.




lunes, 22 de noviembre de 2010

Todo sobreactuado

Y ahora parece que los tipos son una mierda, todos traicioneros, todos mentirosos, todos adúlteros.

Y ahora parece que todos actúan un papel, que sus vidas son especiales, llenas de vicisitudes, de alegrías contundentes y de depresiones estrepitosas.

Y ahora parece que todos están tristes, sufriendo por amor, con el dorso de la mano apoyado en la frente y los ojos cerrados, levantando el mentón.

Y ahora parece que hay que llorar y avisarle al resto; y que se sufre siempre y cuando alguien lo vea, en la red social, o en el mundo de veras.

Y ahora parece que las mujeres son todas manipuladoras, sutiles y crueles, como las malas de las telenovelas.

Y ahora parece que hay que matarlos a todos, porque todo indigna, todo ofende, todo lastima.

Y ahora parece que a los 16 años se debe obrar como a los 30, y a los 30 como a los 16; porque todo es todo, y nada es nada.

Y ahora parece que la vida pierde su realismo; parece que la realidad es creíble siempre y cuando imite –con mayor o menor éxito- a la realidad de la ficción guionada.

Y ahora parece entonces que se ama como en la tele, se corteja como en la tele, se teme como en la tele, se reacciona como en la tele.

Y ahora parece que es todo como una novela. Los prejuicios son de telenovela, las expectativas son de telenovela, la nostalgia es de telenovela, la esperanza es de telenovela. Todo sobreactuado.

Yo apagué la tele hace unos años. Jamás sospeché que su programación me rodease, incluso con el televisor apagado.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Impresiones de un masoquista que viaja en el 582 a las seis de la tarde

Me encanta que me pegues con tu bolso en las piernas

mientras intento pasar;

me gusta sentir la punta de tu paraguas

contra mis costillas.


Contengo el orgasmo

ante cada uno de tus intentos

por atender el celular,

y gimo cuando tu codo roza mi mentón

con tanta violencia.


Cuando decís “con permiso”

y me pegás una patada,

siento un placer cochino

difícil de verbalizar.


El vaivén del ómnibus

y tu matera en mi espalda

hacen que miedo y erotismo

sean sinónimos.


Cuando llega Millán y Raffo,

y se bajan casi todos,

mi pene se pone flácido,

y se termina la diversión.


Busco en vano, contacto,

violencia, maltratos,

dolor.


Pero lo único que encuentro

es espacio libre, asientos,

ventanas, cortinas,

y pocos pasajeros a mi alrededor.


Quedan menos de diez minutos de viaje,

amargos, suaves,

melancólicos.


No habrá más golpes hasta el día siguiente. Y qué triste

que el día siguiente aun no es hoy.

domingo, 14 de noviembre de 2010

Érica

Érica se paró al costado de la cama y observó el cuerpo desnudo de su novia. La miró, siguió con sus ojos la curvatura de sus piernas, de su cintura, y pestañeó tres veces al posar la vista en sus pechos. Llegó a mirar el perfil de su cara y por un momento –solo por un momento- se arrepintió de haberla matado.

viernes, 12 de noviembre de 2010

Juego de la oración 4

“Me parece que este misterio se considera de fácil solución.”

Edgar Allan Poe.

Los crímenes de la calle Morgue.

Me parece que este misterio se considera de fácil solución- interrumpió Federico, con voz grave. Todos lo miraron con estupor. Federico, con su ya clásico gesto de “ay ay ay cómo me duele la cabeza”, pronunció, solemnemente: -dios ha muerto.

-Así que era eso- dijo en voz baja uno de los presentes, asintiendo con la cabeza, con sus ojos entrecerrados y la mano en el mentón;- así que era eso.

lunes, 8 de noviembre de 2010

Juego de la oración 3


“El señor del escritorio sacó una llave de un determinado bolsillo y abrió la puerta”

Leo Maslíah

Historia transversal de Floreal Menéndez



El señor del escritorio sacó una llave de un determinado bolsillo y abrió la puerta. Luego, guardando la puerta en un bolsillo indeterminado, comenzó a caminar sobre la llave, cuidadosamente, poniendo un pie delante del otro, tratando de mantener el equilibrio y no caer al vacío. Vacío, que, paradójicamente, estaba lleno de escritorios determinados, que contenían un indeterminado número de llaves, que darían paso, abriendo un número indeterminado de bolsillos, a un número indeterminado de hombres.

sábado, 6 de noviembre de 2010

Juego de la oración 2

“Aquí, sobre la Cama, se coloca al condenado.”

Franz Kafka

En la Colonia Penitenciaria

Aquí, sobre la Cama, se coloca al condenado. La Cama se coloca en el medio de la sala, y a su alrededor se colocan las Sillas; en ellas, llegado el momento, se sentarán los comensales elegidos previamente por La Comisión de Selección de Comensales. El condenado, tendido en la Cama, estará en un principio con los ojos vendados y luego ya no. Los Comensales, en cambio, estarán con sus ombligos vendados durante toda la Sesión, y vestirán solamente los Taparrabos, las orejas de Conejo y el Cinturón de Sonajeros. Antes de sentarse en las Sillas, los Comensales deberán efectuar los Bailes previamente ensayados y referir los Chistes que les hayan tocado en suerte. No olvide que el condenado debe reír.

-¿Y cuál vendría siendo entonces mi tarea?- pregunté.

-Cometer un crimen. Y dejarse atrapar.